porSegundo Villanueva

Cataluña, 2019

En 2014…

Me acabo de despertar con las 100 razones del ABC para que Cataluña continúe integrada en España.

Hay algunas un poco folclóricas, otras graciosas, muchas cabales, otras sentimenales, algunas, dudosas, las más, razonables.

Cada cual hará sus análisis pertinentes y observaciones meticulosas, pero la que más me llamó la atención y creo más poderosa, es la raigambre común establecida durante 500 años en un transfondo compartido llamado España.

Alguien dijo una vez que la historia no se reeescribe, y tiene razón.

Si ponemos en una balanza lo que de común tenemos los españoles de cualquier área geográfica que sea, llegamos a observar comportamientos similares relacionados con la alimentación, control del tiempo, percepción del futuro, organización familiar, estrategias de amistad, idea del ocio, intuición del binomio trabajo-sustentabilidad, además de otras características más puntuales, como el pesimismo aplastante cuando las cosas van mal o el optimismo caballar cuando las cosas van bien, cierta resignación a la procedencia nacional, como decía Luis Cernuda (soy español porque no puedo ser otra cosa -cuánto daño da el no salir de esta cerrazón infame)…

Me entiendo mejor con un catalán bueno que con un francés bueno.

Pero bien con los dos. Aunque más con el primero que con el segundo. Sin embargo podría hacer sociedad con ambos.

Y muchísimo mejor con un francés bueno que con un catalán malo.

Esto quiere decir que las nacionalidades no están por encima del trasfondo humano, a pesar de que algunos políticos, que ya no pueden rectificar, se empeñen en convencerme de que una línea imaginaria, que nada tiene que ver con la interpersonalidad, y trazada en el albur de los tiempos, la mayor de las veces, a la fuerza, sea más importante que yo.

porSegundo Villanueva

Somos lo que nos gusta

Algunos de los principios, estéticas y terquedades que nos inspiran:

  1. Nos gusta pensar
  2. Nos gusta madrugar
  3. Nos gusta mirar
  4. Nos gustan los mayores
  5. Nos gusta volar y nadar, es decir, comunicar y gramatiquear
  6. Nos gustan los niños
  7. Nos gusta lo raro
  8. Nos gusta la música
  9. Nos gustan los contrastes
  10. Nos gusta lo clásico
  11. Nos gustas tú
porSegundo Villanueva

Violencia, periodismo, educación

La polémica está servida para explicar la violencia.

Si uno es más conservador los índices estarán basados en la decisión individual, los que se consideran más de izquierda con un carácter prevaleciente social y comunitario, la sociedad es mayoritariamente culpable.

Son dos posturas muy difíciles de reconciliar.

Pero hay algo que me ha llamado la atención desde que estoy viviendo en Brasil, cada año pierden la vida violentamente 65.000 personas.

Y no aparecen en los noticieros.

Lo más grave de todo es que Brasil es violento y parece no querer reconocerlo, es como las favelas de extrarradio, tugurios condenables dotados de estética (no nos olvidemos que en la inaguración de las Olimpiadas gozaron de un homenaje), los periodistas como clase continúan desaparecidos, desviando la atención con programas de auditorio o novelas ataráxicas o siendo poco eficientes, dónde está la denuncia.

La pobreza y la violencia parecen orgánicas cuando deberían ser excepcionales, quien canta a las dos, es connivente.

Periodismo y educación.

porSegundo Villanueva

La vanidad, la discriminación, la excelencia

Puede ser Brasil el país más vanidoso del mundo, uno lo percibe en los telediarios o en la televisión, donde casi todos los periodistas o actores son guapísimos.

El pelo, los dientes, la piel, el cuerpo. las uñas son elementos identificadores de carácter inmediato.

Además de la higiene, variable según regiones, pero siempre crítica con los que vienen de fuera.

Por qué es tan importante el aspecto físico, la estética y sus derivaciones, nunca había escuchado hablar de gente bonita o fea, como frecuencia de un ambiente salvo en Brasil.

Al principio alerta, luego uno percibe que tanto para unos como para otros es normal.  Entonces, como vengo hablando en anteriores ocasiones, vamos adelante.

Será un prejuicio, se puede hablar de discriminación indirecta, existe un pequeño purgatorio en sordina para los que no pertenecen a este exclusivo sector poblacional…

Visto desde el punto de vista positivo, sin afán de problematizar, palabra nueva que me encontré por casualidad el otro día, esto hace de Brasil uno de los países con hombres y mujeres más bellos del mundo.

 

porSegundo Villanueva

São Paulo, Nueva York y el sueño

¿Es São Paulo la Nueva York latinoamericana?

¿Lo que sustenta la ciudad es el afán de enriquecimiento, que muchas veces lleva a la extravagancia, como nunca vistas en ningún lugar del mundo, o el placer de poderlo tener todo sin tenerlo la mayoría de las veces?

Qué más cuenta, la posibilidad infinita de aparente crecimiento o el crecimiento en sí.

Si la ciudad posibilita estándares de mercado a la altura de cualquier otra de su género en cualquier parte del mundo, cuál es el magnetismo para un amplio sector cuyos principios, en principio no están inspirados por la acumulación.

Qué se puede hacer en São Paulo no queriendo ganar más dinero, ampliar las instalaciones de los comercios, vender el doble o incrementar renta.

¿Es São Paulo un sueño?

¿Existe hoy izquierda y derecha?

porSegundo Villanueva

Los prejuicios, la sal, España también existe

No soy de Madrid, ni de Barcelona, a pesar de todo, Pamplona, Palencia, Teruel, Zaragoza y otras, existen.

Venir a Brasil y presumirte de las dos grandes capitales forma parte de la normalidad y de nuestra mente prejuiciosa, vista desde el punto de vista de la idea concebida previamente.

No, de Pamplona, una ciudad que pocos conocen, al Norte, cerquita de la frontera, tocando los Pirineos…

No es culpa de Brasil, ni de nadie, quizá de todos, por no saber cuidar la imagen además de los centros de poder, que se encuentran en estas dos capitales, sin embargo España pierde, y mucho, en gastronomía, historia, arte, paisaje, dialectos, orografía, convivencia, trascendencia, profundidad.

Existe un prejuicio hacia la provincia y ahora hacia las capitales, es la España interior levantándose.

Sin embargo, el prejuicio que nadie reconoce que tiene, pero lo tiene, sobre todos y todo, es la sal del debate, aquello que estimula la razón y recupera los buenos hábitos, como el diálogo, el respeto, la tolerancia.

Madrid y Barcelona tienen un problema, pero ahora no son solo las dos, España también existe.

porSegundo Villanueva

La carne, sus tasas, el futuro de las churrascarias…

Hasta inicios del siglo XX no se comía mucha carne, Brasil, Uruguay y Argentina son países cuya cultura gastronómica está basada en la proteína, principalmente vacuno, pero no solo.

Es curioso señalar que en España la carne de vacuno es cara y un solomillo se consume en grandes ocasiones, por ejemplo, en Navidad, sin embargo otros como los embutidos son baratos en cuanto en Brasil valen más que muchas piezas rarísimas europeas.

A veces un kilo de mortadela es más caro que un entrecot y esa disparidad no solo ocurre entre países, existe internamente también.

De cualquier manera, la ventaja comparativa de los países es fundamental a la hora de tomar decisiones.

Existen rumores, la antesala de la noticia, de que algunos países, por ejemplo, Holanda, a mediados de la próxima década va a tasar la carne roja para disminuir su consumo y gravitar hacia alimentos de origen vegetal.

No se sabe muy bien dónde van a colocar esos cultivos, me pregunto yo, pero es un aviso para navegantes, seguramente el Cono Sur Latinoamericano, independientemente de si ha empezado a surgir la polémica del excesivo o no consumo de carne al margen de actitudes individuales como el movimiento vegano, va a sufrir transformaciones en los próximos años y probablemente las churrascarías tal y como las conocemos hoy, templos de exposición proteínica, no aparecerán de la misma forma.

porSegundo Villanueva

Los matahambres, los choripanes y su oportunidad

Comer es un continuum de oportunidades.

Se puede comer caro, barato, en bocadillo, en plato, con arte, con muy poco estilo, a lo bruto, demasiado o poco.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención desde que estoy en São Paulo es la capacidad de la ciudad por incorporar platos internacionales a gran velocidad.

Y de todos ellos, los bocaditos o los matahambres, más si cabe.  Ya fue el tiempo de los kebab, una importación alemana pasando por Turquía.

Año 2019, es el tiempo de los choripanes, una construcción más próxima que gravita entre Argentina y Uruguay basados en las longanizas de cordero, pollo o vacuno y envuelto en variadas salsas que normalmente acompañan una cerveza.

¿Se puede comer más barato y mejor?  Si entendemos que la gastronomía es una estrategia social, tanto para el que cocina en casa como para las reuniones exteriores, qué más se necesita si al hacerlo lo hacemos barato y sabe rico, rico…

Los matahambres o las comidas de los antiguos butecos, hoy transformados en estilosos rincones de autor, son una de las mejores soluciones ya vistas en la ciudad, contrastando con otros restaurantes, en el polo opuesto, reyes de lo estrafalario, exagerado o la etiqueta surgida a veces, o parece parecerlo, de lugares que no se corresponden al que hablamos.

 

porSegundo Villanueva

Las motos, las bicicletas, los patinetes, derechos y deberes

Hace unos años era impensable convivir en igualdad de condiciones con las bicicletas.

Hoy es impensable no hacerlo.

Los Uber y otro tipo de soluciones de locomoción forman parte del paisaje y el coche cada vez más se restringe a lo privado y al lujo, no es más una necesidad inmediata.

Esto demuestra también un cierto fracaso de los transportes públicos, solo el tiempo nos dirá si van a entrar también en decadencia.

Al mismo tiempo que surgen las bicicletas surgen los derechos, y con los derechos, las fricciones, a veces la falta de entendimiento también.  Primero con aquellos que ven una invasión a un status quo que prevaleció y ya no, y en segundo lugar con los que asumen la tendencia, incorporan el derecho y a veces lo extrapolan.

Diógenes jamás se quejó porque cuando miraba para atrás siempre había alguien recogiendo los huesos de la aceituna que tiraba al comérsela.

Después de las bicicletas están llegando los patinetes.  Y seguro que es el momento de revitalizar al más débil, al pedestre, reconducir la escala de derechos y deberes de una sociedad móvil es mucho más complejo que establecer unas reglas basadas en pistas por dónde transitar.

porSegundo Villanueva

El café, los momentos, la manera de trabajar y su productividad

En la gran ciudad parar para tomar un café en el trabajo es normal, separar lo profesional de lo personal a veces es difícil y las cosas pueden fluir mejor cuando hay una cierta intimidad.

Muchas personas no lo entienden, pero a efectos prácticos parece ser más conveniente que no hacerlo, cada país es diferente, Brasil mezcla, sin duda.

Los lugares de reunión en las empresas con ciertas bebidas son normales, cuando no lo es tanto en otros lugares del mundo, como en España, de donde vengo.  Resulta diferente medir la eficacia en este sentido lo cual hace pensar que  se realiza de manera diferente.

El café es un símbolo de naturalización de las relaciones profesionales para quitarles la gravedad.

La relación entre los momentos de relax o descompresión y la efectividad de los equipos de trabajo se miden de otra manera, la sensación es que Brasil produce diferente, hay momentos de mucho acopio de trabajo y otros que no, cómo son populares las frases “ser una locura” o por el contrario “estar todo parado”.

A veces resulta difícil para los que venimos de fuera, pero como siempre se concluye, es así y cabe la duda de si esto está cambiando, va a cambiar o tiene por qué cambiar.

En otro orden de cosas, en la calle, siempre existió el cafezinho, de nuevo con un afán socializador más que comercial, hay datos culturales en Brasil muy impregnados, lo que supone un motivo extra, fuera, en este país es simplemente un evento natural.

En los centros comerciales prodigan y son bien acudidos, el café une como lo hace mundialmente, hoy con mejores lugares para sentar, llama la atención que en algunas cafeterías no haya mesas o sillas para sentar, que sea un trámite, aunque cada vez menos.

Sin embargo, los expresos recuerdan todavía, y mucho, al café antiguo, al cual hay que beberlo leve y en cantidad, el expreso brasileño, como la manera de trabajar, es diferente de los otros.

O viceversa.