Ayer escuché a un periodista de la ESPN Brasil ansiando un presidente negro en Brasil.

Como siempre, surge la duda de si es una frase bonita acorde con la moda ideológica del momento (ecologismo, feminismo, fascismo y black) o está llena de raigambre.

No vi ningún a periodista negro todavía en la emisora, quizá esté equivocado, pero salta a la vista que quien quiere cambiar el mundo primero debiera hacer los deberes de casa para legitimarse en empresas más ambiciosas.

Cambiarlo sin cambiarse a sí mismo es muy propio de adolescentes, de mozos solteros ideológicamente y de políticos con intereses espurios.

Y de mucha gente que quiere quedar bien.  Casi siempre, con el culo indemne.

Es mucho más fácil y divertido cuidar a través de camisetas estampadas de la foca del polo norte, que se queda allí, que reciclar aceite frito todo el santo día, que está aquí.

En São Paulo existen 25.000 indigentes en condiciones miserables, todos ellos viviendo en la calle, de milagro, inmundos, pero con corazón y humanidad, y más personas saludables por cada uno de ellos, pero pronosticando destinos al hambre en África, conspirando contra el FMI, detonando la economía de mercado y suspirando por Suecia.

Como decía el poeta en emprendimientos más rimbombantes cuando le preguntaron acerca de la belleza, tomo el testigo y la traslado a lo nuestro.  ¿Que cuál es mi revolución? Mi revolución eres tú, querido, mi revolución eres tú.

Empezando por tu casa.

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