Conociendo Budapest

En 2019, durante el otoño tuve la oportunidad de conocer una de las ciudades que más me he encantado: Budapest, en el este europeo.

Llegué de bus un lunes casi a la hora de cenar. Era una noche agradable para hacer un paseo por las partes principales de la ciudad con amigos.

Fuimos a un mirador donde fue posible ver toda la ciudad que está separada por el rio Danubio em Buda y Pest.

Después de eso entramos en una embarcación para ir por toda la extensión del rio Danubio. Una guía de la ciudad estaba con nosotros y explicaba todo lo que había alrededor, como el bello edificio del parlamento.

Ocurrió un momento de emoción cuando empezó a tocar el famoso vals Danubio Azul (Johann Strauss). Todo eso con mis amigos queridos y algunas copas de champagne. Empezaba a hacer frío cuando fuimos para nuestro hotel.

El día siguiente, amaneció a puro sol, fuimos a la plaza de los Héroes en el centro de Pest y después partimos para el otro lado del rio Danubio, la parte de la ciudad llamada Buda.

Visitamos castillos, la casa del gobierno, tiendas y la Iglesia de San Matías. Había muchos turistas por allá en este día.

Conocida la parte Buda, volvimos para Pest, visitamos un parque y la Basílica de San Esteban donde hay muchas imágenes del Papa Juan Pablo II. Lo mejor de Budapest es ponerse a caminar por la ciudad como si allí viviese. Hay muchas tiendas de flores y cafés. Una ciudad repleta de históricas construcciones. Además, las personas son muy agradables y educadas.

El punto alto de este día fue el descubrimiento del mercado central donde puedes encontrar la verdadera cultura local con muchos productos para comer, vestirse, comprar regalos para los amigos y mucho más.

Para cerrar la noche fuimos hasta un restaurante llamado Vadaspark con mucha variedad de comidas típicas. Aprovechamos para conocer más de las costumbres locales como la danza y la música.

También fue una manera feliz y divertida de despedirme de mis amigas latinas que viven en Estados Unidos y tendrían que volver a su país el día siguiente.

La moraleja del viaje fue que Budapest es de aquellos lugares que te dejan marcas y ganas de volver muchas otras veces.

Luciana Mara de Souza

El alumno escribe

C11, profesor Jorge Luis Rigueiro

São Paulo Grafitada (virtuexpofoto)

La niña de chocolate

qué más da lo que haya, me gusta estar y si todo es de chocolate, mejor

Te veo

yo te miro, tú me miras. Guapísimos

Historias de ayer

vale, pero no es una payasada

Verdes

verde con rojo, con amarillo.
Cabe todo, dentro de un cielo Gotham

Ojo sí, ojo no

como Mazinger Z, pero con carne

Un clásico al lado del clásico

pues venga, apliquémonos el cuento

Autor: Lucas Villanueva

Compañera de viaje: Canon EOS 750

Las fotografías fueron sacadas el día 10 de enero por la mañana, en un safari automovilístico paulistano despretencioso por el centro de la ciudad pero que nos fue animando, animando, animando tanto que al final consiguió que nos viniéramos arriba y tras lo cual va y se nos ocurrió que a lo mejor era una buena idea rescatar algunas imágenes aleatorias de la ciudad porque simplemente, nos parecieron bonitas.

El amor tras el precipicio

El otro lado, el del amor, es bueno.

O lo parece. Nunca estuve allí, la verdad.

Lo siento cerca.

Lo malo es que el otro lado está al otro lado del precipicio.

Da miedo.

Pero puedo verlo. Y escuchar.

El run run es agradable, placentero y prometedor.

Suena bien, a feliz.

Pero no puedo pasar. Por el precipicio.

Las gentes del otro lado corretean pizpiretas.

Despreocupadas.

Dan envidia.

Tienen amor.

Me cuentan que para cruzar hay que ir de la mano.

Eso ayuda a ser valiente.

Pero aún así hay que arriesgar.

Puedes caer.

Un día me gustaría ir.

Contigo. ¿Quieres?

El amor está tras el precipicio.

Schubert in love

Probablemente será la película más estúpida y divertida del último fin de semana.

Los alemanes tienen la virtud de decir lo que quieren y nosotros, a escucharlos o no.

Pero lo que sueltan, pasa y se ve que todo lo que hay ya fue en Alemania.

Schubert al final se convierte en alguien entrañable, la secuencia de roles femeninos en la escena del café muestra que en resumen, todo es lo que era, y que las ansias no pasan de estereotipos, una película surrealista o un esperpento germánico, que cada cual saque sus conclusiones, yo disfruté escuchando los mensajes pedorros de la película.

Ya tocaba salirse de tiesto por una vez en estos tiempos de mordaza.

Deprisa, deprisa

Confieso que no me gustó al principio y luego no paro de pensar en ella como un fogonazo al atardecer en los años 80, donde los recuerdos se desenmascaran inútiles y en forma de cromo, inanes y principalmente sabrosos, quizá porque los rostros del filme me parecen familiares, las calles las vi, sentí esa historia en vida, o quizá porque sea una película al alcance de muchos, la peor de Carlos Saura, la que todos hubiéramos filmado.

Lo que veo desde mi ventana

Decía Caballero Bonald que su patria era definida por lo que veía a través de su ventana.

Naturaleza, información, espiritualidad, familia, creatividad, imagen, luz, música, lectura, la inconsistencia de la ciudad difuminada a través de una claridad explotada a través de los cristales.

Lo que conforma la mía se encuentra reunida en este toril, como el mondongo de un chorizo recién.

Kràmpack

Quizá sobresalte a más de alguno la sugerencia de algunas escenas, pero están tan delicadamente bien tratadas, que como que no.

Asunto peliagudo tratado con flor, justo lo contrario de lo que ocurre hoy, en donde los excedentes vitales nos acucian por el afán desmesurado de problematizar todo (y gritar, insultar).

No hay asuntos importantes en nuestros tiempos, los debemos llevar a la hipérbole para encontrar nuestro lugar bajo el sol.

Kràmpack es una película de verano rodada en una ciudad de verano con un argumento de verano, y con unos actores de verano.

Todo está tan bien dicho que nada escandaliza, es como beberse un zumo de naranja al final del día después de haber tomado el sol sabiendo que septiembre llama a la puerta y la vida sigue.

Juicios anacrónicos y dislocados

Decía el filósofo arrebatándole la frase a la Biblia que cuidado con el virtuoso.

¿Es posible juzgar el pasado desde hoy? ¿Y desde aquí?

Existe una visión centrípeta y ensimismada para negar la historia, sospecho que es por pereza, y a la que algunos denominamos tradición.

Establecer una tabla rasa con el pasado implica excesos, y a veces ridículos, y pueden generar anomalías múltiples como la revisión ideológica del lenguaje con su consecuente manipulación y magia, la censura del arte, o la problematización o letargo nominal de la realidad.

¿Cuáles son los verdaderos intereses del hombre?

¿Al final, quiénes van a mojarse el culo?

Los juicios anacrónicos y dislocados plantean al superhombre ubícuo, como múltiples mesías, su trampa está muy clara porque el hombre es de donde está, primero, y en segundo lugar, la vigencia de los valores se limita a un espacio temporal, que al igual que cambió, cambiará, este debe ser el momento de recomposición o inflexión mesiánica, como la historia juzgada por los virtuosos contemporáneos.

Censura, insultos y fake news

Existen tres realidades.

La que nos cuentan, la que vemos y la que es.

La que nos cuentan obedece a sus intereses.

La que vemos obedece a los nuestros.

Y la que es, no la conoce nadie, es mejor ni pensarla, porque mezcla la segunda y dispara contra la primera.

Delante de este panorama triplemente complejo existe un fenómeno muy antiguo, actualizado, como la prostitución, que es la censura, y se trata, entre otras cosas, de señalar con el dedo al que le parece que lo que nos cuentan solo obedece a los intereses de quienes lo cuentan.

Normalmente lo que nos cuentan viene gritando, es moda y va la vida sobreactuada.

El dedo son insultos históricos, episodios poco lúcidos llenos de muertos.

Cuando a uno le llenan de muertos por defender sus intereses contra los de los demás, sin mostrar mucha más ambición que la de sobrevivir un día sí y otro también, viene la fake news, que es la Santa Inquisición de los libros.

Dime cómo me insultas y te diré quién eres.