Roberto Motta demuesta en este libro que las estadísticas están para manipularlas. O los datos para esconderlos. Y el debate para esquivarlo. Además de la teoría para consumir realidades. Engullirlas.
Es apabullante cómo lo laxo precipita el caos, y el orden, lo contiene.
Un ejemplo más de este trampantojo en el que nos movemos. Es necesario dar un paso adelante y contrastar la calle con la estadística, para corroborarla, el discurso público quizá no debiera tener lugar en este momento.

Como todos los puntos de vista, es muy peligroso generalizar. ¿Cuál es el punto de lo laxo que da inicio al caos? ¿Cuál es el punto del orden para que no sea imposición o dictadura?
Si los seres humanos tendemos al relajo sin órdenes, ¿será que nuestros principios son débiles o nulos? ¿Podríamos encauzar nuestros valores y forma de ser con educación?
Lamentaría, y mucho, pensar que el humano es todavía hoy un animal sin haber acabado de ser racional.
Jordi, vamos por partes, lo laxo es el discurso que no respeta la realidad. Y normalmente suele ser agradable porque es mejor, el infierno está lleno de buenas intenciones. No se puede combatir la violencia de pistola con educación (yo ando a la pared en Francisco Leitão). Es un poco largo de explicar, el libro habla de números, y Brasil tiene uno de los índices de muertes por violencia más altos del mundo (en 2017, el mayor, ahora está un poco más bajo, pero ronda los 40.000 por año). Dictadura para mí es no poder salir con seguridad por la noche y no poder decir lo que pienso. La educación es lenta, creo que mejoramos con tradición, no lo más nuevo es mejor. El hombre, desde mi punto de vista es, como decía Larra, una máscara, todos los días es carnaval.