Arquivo mensal maio 2018

porSegundo Villanueva

La persiana de la mañana, ETA y el pecado de su palabra

Cuando subía la persiana en invierno al romper la mañana enmudecida por la pereza, allí estaba otra vez la pared de ladrillo herida por una amenaza de brocha gorda representando a veces una diana y un nombre en el medio, otras un grito de guerra con las mismas letras de siempre, esas letras inocuas y sin culpa pero enfermas, que acarreaban sangre, maldad, inseguridad, dolor y amenaza.  Tristeza.  La palabra y su ideología.  Otras con la serpiente reptando por su hiriente machado…

La pared de ladrillo agraviada formaba parte de nuestro territorio y supongo que consecuentemente de la historia navarra reciente.

Después venía ir a por el pan, la escuela de la mañana, comer, la escuela de la tarde, los juegos hasta el atardecer, la cena, el beso paternal nocturno, algunos tebeos de waltdisney en la cálida cama antes dormir, y así hasta el día siguiente sin pensar mucho más que en lo que ocurría, era el momento de vivir lo que había justo en ese momento.  Un niño.

Una noche en la universidad escuché un eco profundo y anormal rebotando entre los edificios, la metralla incrustada en los áticos de los bloques colindantes a la Ciudadela de Pamplona, qué ensañamiento.

A Bonifacio Martín lo conocí brevemente por asuntos diplomáticos a finales de los 90,  y en 2003 se cumplió la profecía de la pared de ladrillo al levantar la persiana por la mañana antes del pan, cuando la escuela, la comida, los juegos al atardecer etc.

Después de 40 años de plomo y casi 10 de paz prevalecen dos sentimientos, el de los 900 muertos con su luto y el de la pena capital por la palabra enferma de bandera y periódico.

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porSegundo Villanueva

Mayo del 68, la mujer y su madre

Dos cosas de Mitterrand a Daniel Cohn-Bendit en mayo del 68.  Lo llamó vabagundo y le acusó de cargarse la familia.

Hasta mediados del XX, cuando no había privacidad y los padres e hijos se apelotonaban en un solo cuarto para comer, hablar, dormir, higienizarse y reproducirse, la mujer gestionaba los espacios, la educación de la prole y la capacidad de generar riqueza de su marido.

No podía ser elegida para cargos públicos, pero su aval era imprescindible para que se tornase candidato.  Un mal marido, un descarte.  Uno de los motivos principales de divorcio en la Francia de la época, mayoritariamente suscitado por las mujeres, además del alcoholismo y la violencia era la incapacidad del hombre en generar recursos.

Su vida, postergado ante las inclemencias del trabajo, vivir como ímpetu de supervivencia, qué difícil, transcurría a través de un infierno físico y moral.  La mujer, en su inevitable posición lo recepcionaba al final del día, antes, ordenaba la cría, gestionaba los recursos, delimitaba los espacios, sin noticias de su compañero en el ámbito privado.

Las personas se casaban las menos por conveniencia, las más por necesidad, en el 68 vino el amor, al principio camuflado por los cuerpos y la libertad suscitada por el hartazgo de la conveniencia y la necesidad, subsistió el cuerpo, a veces el amor, menos la conveniencia, poca la necesidad, de cualquier manera, los diáfanos papeles del hombre y la mujer se proscribieron, Mitterrand, socialista, lo anticipaba con una clarividencia anómala, sabía que lo que estaba entrando en crisis era la familia porque se le estaba empezando a caer su gran pilar que no era otro que el de la madre.

Felices, madres, gracísimas.