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A sensibilidade como a capacidade de perceber a beleza e o contexto além do imediato.
El hombre transporta de manera natural una sobrecarga de testosterona que lo hace agresivo, esta facultad es muy buena para casi todo en el momento que se le aplica cortapisas para que no derive en violencia. Parece que el índice testosterónico pueda ser incompatible con la percepción apurada del entorno según los sentidos, aunque esto no es del todo así.
Alguien es sensible cuando aprecia las redondezas además de lo inmediato. Por ejemplo, un hilo musical que suena en un bar cobijando a los clientes envueltos en conversaciones llenas de fruslerías; cuando se deleita en silencio con la belleza cromática de una primavera exultante con sus flores y sus soles; al enamorarse de la armonía que extraordinariamente demuestran algunas mujeres cuando penden de los sesenta años transmitida a través de una mirada total que junta a la madre, la hembra y la mujer sabia. Hay tantas. El sensible, en español, se aplica al hombre, no tanto a la mujer, quizá porque sea algo consabido, aunque habría que verlo.
Al exceso de receptividad se le puede denominar amaneramiento, la versión blanda de la sensibilidad, un proceso cognitivo donde la poesia modernista, la estética Memphis transciende al conocimiento suplantando la testosterona.
En portugués alguien sensible, quizá por causa del inglés, no lo sé, demuestra sentido común en el entendimiento estratégico de la escena, algo más parecido con un término que muestra visos de desgaste, como es la empatía, y que pide a gritos un recambio nominal.
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