Iniesta se nos va a China y con él un montón de buena crianza y chiclete en el pie.

Qué manera de mascar, qué manera de adoctrinar.

Gestó el más importante punto en común con mis hijos, el amor a la Selección Española y al fútbol en general, jamás después logré consenso alguno en nada.

Quizá la pasión desbordante por el Real Madrid.  Pero Iniesta estaba por encima del blanco y blaugrana, era un jugador que jugaba desnudo.

Para los adultos marcó el gol que nos destapaba finalmente del complejo, salimos del armario casi en el último minuto, qué alivio.

Ya Torres había dado el primer aviso dos años antes, para los niños sin memoria, eran los mejores.

Se nos va el consenso por lo que consiguió por todos, simbolizado en un atronador Riazor con su gente descendida en ese mismo y trágico momento.

También la leyenda por lo que no, nuestro Brasil´82 con su no conquista del Fifa Player 2010, L`Equipe acabó pidiéndole perdón.

Se nos apaga el sueño, los niños recuperan la realidad,  ya van creciendo.

 

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