Brasil y su violencia

El libro de Motta A construção da maldade, demuestra que la violencia prospera en un caldo de cultivo donde la opinión pública es dominada por discursos proclives al infractor.  Estos relatos provienen normalmente de sectores que representan a la izquierda, especializada en defender ideales maximalistas y que difícilmente pueden cumplirse.  A lo largo de los tiempos, estos generan casi siempre un inmenso desgaste, cabría averiguar, dicho sea de paso si el saldo entre las utopías y su realizacines prácticas valieron alguna vez la pena a lo largo de la historia.

Esta narrativa se alía con el judiciario de una manera impúdica, a veces pudiera parecer, hasta fraudulenta, irrespetuosa con la población civil y principalmente con los agentes de seguridad que al fin y al cabo son los que arriesgan sus vidas para protegerla (una vida se defiende con armas y estas, normalmente, implican situaciones violentas).  La condescendencia de los tribunales, desde el principio hasta el final de los procesos es tanta, que lleva a desmotivar a quien vela por la seguridad y auspicia a los que la confrontan.

El delincuente no nace, se hace después de un perfil psicótico con rasgos que buscan potenciar la prevalencia, la ausencia de responsabilidad, la incapacidad para acatar normas y el desapego social.  Si a todo esto sumamos el desequilibrado péndulo de incentivos versus penalidades, la elección en un país donde en una mañana en cualquier calle de Pinheiros un delincuente en moto puede robar 10 alianzas y levantarse 15.000 reales es muy clara.  En Brasil, vale la pena hacer las cosas mal.

Leer lento

Quizá la clave esté en leer menos y más lento, en libros y no a través de redes sociales, lecturas buenas y de fuentes consolidadas.

Para así escuchar más y con conocimiento de causa, recuperar recuerdos profundos que puedan ser rescatados a tiempo para construir argumentos con sujeto verbo y predicado y morfosintácticamente canónicos, que provoquen al interlocutor y sienta una envidia retroactiva para superar el listón de la idea inusitada y el pensamiento bien diseñado.

Ay, los medios, cómo me duelen

¡Ay!
Los medios.
Me duele leerlos.
Me duele escucharlos.
Me duele verlos así.
Manipulados. Serviles. Esclavos. Rendidos. Arrasados por ideologías sectarias e intereses de parte.
Objetivamente subjetivos. Parciales. Propagandísticos. Panfletarios.
Preciosamente diseñados para que lo escrito quede bien disimulado junto a grandiosos titulares grandilocuentes. Relatos dictados.
Quizá siempre fue así y nada esté perdido. No desfallezca. Lea, escuche y mírelos con insistencia. Entre la marabunta de esos medios sobreviven periodistas hambrientos y libres que le cuentan lo que surge desde sus entrañas morales con el único criterio que les debe guiar: la verdad.

Cada cosa tiene su importancia debida

Cada cosa tiene su importancia debida y la importancia debida requiere lugares, tiempos, a veces, también, por qué no, ornamento.  Suena The Cure en el café que no pasa nada y parecen frescos como el primer día.  Se descuelgan algunos recuerdos que precipitan el corazón pero que se diluyen rápidamente cuando se acaba la música y otra desconocida ocupa su lugar.

Valencia en Brasil

En la CNN confundieron a Valencia con el Oeste y afirmaron que es una región que se encuentra cerca de la frontera con Francia, le preguntaron a la reportera si había algún riesgo de que las lluvias se trasladasen al resto de Europa, en ese momento dio para entender que las muertes cualificadas existen, y también la sospecha de que la cobertura de la mayor catástrofe natural de los últimos 50 años en España, si en Alemania, Inglaterra o Países Bajos,  por ejemplo, hubiera sido diferente, mientras tanto, la Globo, dilucidando sobre la dieta de Gisele Bunchen en otra muestra de cómo los medios de comunicación viven en complejas y nada inocentes burbujas de interés, y las retroalimentan, reactivan y gestionan al margen de la vida y los intereses de la población en general.  Qué lejos quedan las democracias raíz con los 3 poderes impenetrabales y el cortaluz de todos, el cuarto, los medios de comunicación, como garante de su impoluto comportamiento a través de la transmisión y testimonio objetivo y veraz de lo que hay que legislar, proteger y juzgar.

Pinheiros y su cosa

Pinheiros evoluciona, nada que ver con las casitas de ancianos portugueses de 20 años atrás, hoy se levantan faraónicos edificios sorprendentes llenos de buenas intenciones y una avalancha multicolor de habitantes invade sus bloques dilapidando décadas de historia que de aquí a poco se convertirá en polvo, es decir, ya nadie se acordará de cómo Pinheiros fue.  Las generaciones se suceden de manera incruenta, es ley de vida y sus estilos de vida también: la de hoy, más consumista, individual, menos social pero con toda sua apariencia intacta, algo endeble y sensible, consumidora de cafés gurmé y visitadora impenitente de restaurantes delicados algo naifs, amante de los animales y del culto físico.  Parece un submundo donde todo funciona bien, un espacio a salvo pero que exhala, si se le apura la nariz, una evidente y perturbadora impresión de artificialidad propia de los lugares donde abundan turistas accidentales en tránsito, esta nueva generación pseudodiletante que no construyó nada y que simplemente ha aterrizado en paracaídas en una zona de cuya crónica (este es un rasgo que observo propio en todo Brasil, dejando de lado la aporía de entender, esquivar y defender el mundo indígena) no quiere saber nada, instalándose rápidamente en el tren de la rápida desmemoria histórica, ignorando el pasado, su tradición y lo que un día en definitiva fue el barrio de Pinheiros.

Macroestado

La autorregulación del mercado quizá sea la manera de centrar en el hombre las decisiones sin concederle la última palabra. Quizá sea la mejor gestión de las cosas, gestionar sin gestionar.

En el Macroestado se encarna la inefable desconfianza del género humano sobre el género humano.  El Estado se justifica en las enfermedades (sanidad pública, la crisis de la COVID 19 en 2020 fue su máxima expresión) pero principalmente contra el hampa de la especie, los ladrones, tramposos, estafadores, alcóholicos, imprudentes al volante, imprudentes en la mesa y evasores de impuestos, es decir, en las antípodas del liberalismo, el Macroestado es contra el mal, o lo que es lo mismo, contra el hombre.

Crear

Crear de la nada, lo más difícil, aspirar a original, aunque un poco, induce al progreso, que es lo que genera el dinamismo del hombre a lo largo de toda su historia, el ser humano rescata a Dios en pequeño, quedan dos misterios adicionales, la infinitud del universo y el origen de la vida, el secreto enclausurado en la junción del óvulo con un espermatozoide.