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No final, a lógica prevalece. Quase sempre.
En el mundial casi siempre ganan los que casi siempre ganan, y cuando las cosas no ocurren como previsto, los que no quieren que ganen los que casi siempre ganan, se ponen contentos. El contento es hiperbólico cuando la tradición, historia, currículo y favoritismo del que casi siempre gana no deja lugar a dudas, y la tradición, historia y favoritismo del que a priori no, también.
El fútbol se ha convertido en un juego de roles, el escenario metafórico de una sabana africana donde los leones representan a la perfección el papel consabido de depredadores de los más débiles en su cadena alimenticia, y en la que los espectadores mantienen la esperanza vana, en la mayoría de las veces, de que el ñu que yace entre sus fauces se libre aunque sea en el último momento del mortal ataque.
Casi nunca ocurre, es decir, de normal, la naturaleza sigue su curso y al final de cuentas, después de algunos partidos, los que dieron la campanada puntualmente, acaban engullidos por la lógica y delante de un público ya sin contento que no quería reconocerlo pero sabía que iría a suceder.
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