Revista Vamos Contigo 235 -
Segundo Villanueva / São Paulo, 11 de Setembro de 2022
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Segundo Villanueva / São Paulo, 11 de setembro de 2022
Los tiempos modernos, según el curador de la exposición “Casi líquido” del Itaú Cultural, Cauê Alves, cabalgan fluidos y raudos, simbolizados en las nuevas tecnologías como el móvil, la internet o los correos electrónicos. Y esto queda plasmado en el agua, que discurre precipitada y tiene la facultad de hacer tabla rasa de lo precedente. Los ríos se contorsionan para revelar que lo anterior es agua pasada, que el espacio temporal tiene una métrica sonora inquebrantable y que no hay tiempo que perder. En el caso concreto de Brasil, y haciendo alusión al río Tietê, centro metafórico de lo que ocurre en el país, las moléculas están más cohesionadas que en cualquier otro río del mundo, por tanto, están en trance entre lo sólido y lo gaseoso, pero sin licuarse del todo, de ahí que parezca que cuando uno observa sus aguas den la impresión de arrastrarse, de ser un magma. Cauê afirma que esto se puede interpretar como que las cosas todavía no fluyen como deberían, una rémora, que se proyecta en el atraso de la modernización del país, el anquilosamiento de las condiciones sociales, de las desigualdades etc.
Existe otra óptica, según la cual veo que las aguas en Brasil fluyen a su manera, y no podría compararse nunca el agua brasileña con la europea. Como consecuencia, los esfuerzos por contrastar el discurso molecular acuoso del Tietê con el Sena parisino, por ejemplo, el Támesis londinense y el Manzanares madrileño serían erróneos. Es la óptica de la reinvención. Brasil, de sus defectos explota lo mejor de sí, y lo que sería desviación lo convierte en virtud. Las aguas del Tietê jalonadas por 1,5 kilómetros de botellas gigantes del artista Eduardo Srur muestran que la miseria lenta de las moléculas semi líquidas no suspende sino que usurpa en importancia hasta al mismísimo Río Negro. El brasileño saca lo mejor de sí mismo con el rigor y se adormece en el exceso de los ríos anónimos del Pantanal Matogrosense. No es muy diferente de otros pueblos por ahí. Pero es que Brasil es un país privilegiado. Ese privilegio se plasma en que puede contar que a diferencia de otros, posee excesos y rigores.
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