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Um espanhol em São Paulo. Mercado de Pinheiros, o paulistano em seu habitat natural (de sábado)

Segundo Villanueva Fernández / São Paulo, 29 de Novembro de 2025

 

Um espaço rústico e funcional transformado em um polo gastronômico chic que mistura tradição e modernidade. A convivência entre restaurantes e bancas reforça a confiança e desperta memórias afetivas ligadas ao alimento. Entre torresmos, feijoadas e cafés, revela-se um retrato cultural do paulistano e de seus rituais de sábado.


 

El Mercado de Pinheiros se ha convertido en un lugar chic cuando siempre fue un espacio apresurado para vender carnes, pescados, frutas y verduras. Se entiende por espacio apresurado aquel lugar que distribuye alimentos directamente de la fuente, con pocas concesiones a la estética: pedazos de carne excesivos colgando que inevitablemente sugieren cierta violencia, y que no la entrañan, sin duda, por ejemplo. O el que despliega pescados in natura en anchos mostradores, ofreciendo un panorama numérico exaltador.  Excita los sentidos, el exceso abre el apetito.

La lógica del restaurante junto al mostrador

Y en medio de todo este alimento surge la segunda cadena, el restaurante, una conexión lógica que está siendo redescubierta en los últimos tiempos y que parece garantizar confianza al comensal. De manera inconsciente, uno piensa que el plato quizá venga del mostrador de al lado, con cuyas personas uno acaba de establecer una conversación, intercambiado una curiosidad o simplemente se haya saludado.

Memorias del origen y la confianza

Esta relación recuerda a las comidas familiares de antes, donde la mesa y su origen estaban muy próximos, lo cual aumentaba la confiabilidad. Era como tener a la madre al lado o dormir caliente en una noche de invierno.

Todos los restaurantes respetan la antigüedad del local y convierten una estética que sería inaceptable en cualquier otro lugar de São Paulo (de lunes a viernes). Incluso la incomodidad, innegociable durante la semana,  se tolera ampliamente este sábado al mediodía.

El turista accidental y la brasileiridade estetizada

Este es el momento del turista accidental, del joven que busca encontrarse consumiendo brasileiridades, como en el Mocotó. El restaurante ilustra hábilmente el espacio con la Amazonia, el Sertão, el Cerrado, la Mata Atlántica… y un poema en la pared. Comer un baião de dois suspendido en el segundo piso mientras te rodean personas con aspecto intelectual y una naturaleza imaginaria es, sin duda, un punto. Y se paga. Y bien. Y ellos lo saben.

Torreznos, corrección política y el noble cerdo

No hay cosa mejor que los torreznos, aunque la sociedad contemporánea, llena de proteína y “organicidad”, mi padre dice que no existe, los trate como demonios. El torrezno del Mocotó peca de políticamente correcto, para el público Memphis estarán ricos, que lo están, pero quizá entre tantas relecturas se dejó atrás al noble cerdo y su sabor auténtico a cerdo grasiento. Un pecado de fin de semana del cual salí absuelto sin haber caído en tentación.

 


Mercado de Pinheiros, 29 de noviembre de 2025, lleno de verduras y preparando la llegada de Navidad / Foto: SV


El Entreposto das Feijoadas inmóvil y sus vendedores inmortales

Visité a mis amigos del Entreposto das Feijoadas y me di cuenta de que habían envejecido, ellos, no el entreposto, que continúa igual que hace cinco años y que quizá veinte atrás ya era como antes. Las orejas, los rabos y otros sacramentos de este plato glorioso parecían iguales a los del quinquenio anterior, no digo los mismos. El entreposto permanece firme, antiguo, inalterado.

Mientras tanto, sus atendientes empiezan a incorporar el paso del tiempo y sus panzas satisfactorias recuerdan a un jesuita de mi infancia cuya sotana exhibía una protuberancia cómica de la cual nadie osaba comentar nada, en un ejercicio de prudente autocensura. 

Café, queso, goiabada y el teatro del sábado

Tomar un café en una La Marzocco siempre es garantía. Curiosamente, el Kioji no es japonés, su nombre viene del diminutivo de la mujer del dueño, con quien estuve hablando unos minutos para no avergonzar mucho a la mía . El nombre nació fruto de una conexión algo confusa y que no entendí muy bien ocurrida en un mercadillo africano en su viaje de novios. 

No hay postre más entrañable que el queso meia cura con goiabada cascão. Me lo enseñó mi pariente Zé Osório y desde entonces busco los mejores mineros, los que salieron de Minas de toda la vida y no miran a Francia o Italia. 

Oswaldinho es uno de ellos.  Cómo abre el apetito un diminutivo bien puesto cuando a uno le tiembla el hambre o padece antojos.  La goiabada, con pedazos y todo.  

(A modo de cierre, una observación intrascendente: los hombres tropiezan en los escalones cinco veces más que las mujeres, quizá ellas posean una prudencia natural y adicional de mujer. Y la más relevante: quien frecuenta el Mercado de Pinheiros un sábado al mediodía parece participar más de la lógica del restaurante que de la venta directa del alimento.)

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