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Segundo Villanueva / São Paulo, 11 de setembro de 2022
Utilizar a los niños para ganar unas perras es perverso. Las madres holgazanas que se apuestan en las esquinas de São Paulo teledirigiendo a niños que extienden su mano al conductor como en un juego sin saber muy bien lo que hacen, son criminales. Deberían ir a parar a un reformatorio de madres sin instinto. Es notorio y público que en la periferia de la Gran Ciudad se “compran” niños a saldo para rebañar unos reales y conmover a los paulistanos de a coche.
El otro día en la hoja de declaración de entrada negué todos los ítems que la aduana brasileña inquiría: dinero extranjero, bienes materiales por valor superior a 500 dólares, plantas y simientes y alimentos in natura. Mentira pura. Fui con tres maletas y volví con siete, engordado en los siete pecados capitales tradicionales y en los cuatro oficiales según la República Federativa de los Estados Unidos de Brasil (ser español en Brasil todavía no es pecado, como tampoco ser brasileño en España, pero quién sabe). A la hora de enfilar la salida coloqué instintivamente a mis dos hijos (“poned cara de sueño”) en el carrito de delante, justo en el lado izquierdo. El que daba al fiscal.
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