Categoria Costumbres

porespanaaqui

Instagram, su sentimiento y la mentira

Mi hijo me dijo el otro día que no hay sentimiento sin Instagram, y que Instagram hace tiempo que nos quitó el sentimiento.

– Algo difícil de entender, no sé a qué te refieres.

Le pregunté qué quería decir y con toda su mordacidad, una vez confesó que para sufrir menos era necesario tratar a las personas como números, me puso algunos ejemplos.

Cito el más próximo, el de Notre Dame y los mensajes apenados de algunos compañeros suyos que se estaban riendo al tiempo que los enviaban.

– La pena no existe, existe su publicación…

– Nosotros somos fakes para el mundo.  – le inquirí

– Sí, somos mentira pura (le gusta imitar al presidente de Costa Rica cuando al tragarse una avispa entera mientras discursaba y viendo la cara de estupor, o de no poder aguantarse la risa de los periodistas, reconoció el bocado afirmando que era proteína pura).

– Haciendo una analogía con el poeta cuando le respondió a la amada al preguntarle qué era poesía, poesía eres tú, podríamos afirmar entonces que en relación a la mentira, mentira somos todos…

– Exacto…

 

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Semana Santa, resurrección

Cuesta darle la vuelta a la Semana Santa y ponerle un lugar en el mundo, algo falla cuando las sombras de la caverna perdieron ya su eco y el protocolo festivo nivela todas las datas además de su cariz, lo mismo da arre que so.

La conmemoración paulistana de la Semana Santa es ingrata, incapaz de retribuir la historia, el hombre postorgánico revitalizado por  el ocio periódico con la complicidad de los medios de comunicación busca inexorablemente el restaurante y su playa, que son los que pagan para que salgan las cosas.

Pero hoy la procesión no discurrirá por delante de casa, quizá la mitad de los del año pasado no estén ya (en cuanto escribo esto, una música de lánguida luz amarilla resurge en la Francisco Leitão, es la procesión que se resiste a no pasar, parece que hasta un poquito mayor que el anterior).

Pregunté a seres queridos qué puede aportarnos la iglesia pasionista de Pinheiros mayoritariamente de ancianos cantando vagarosamente las mismas canciones de cuando éramos pequeños, un lugar de paz respondieron, donde no es necesario presentar ninguna credencial de identificación, no te catalogan por gay, negro, hetero, extranjero, rico, blanco, pobre, mujer, adolescente, drogadicto, hombre, empresario, deprimido, alcohólico, profesor, anciano, futbolista, librero, prostituta y así tantas definiciones derivadas en performances y que al final no hacen sino rehuir la asociación del hombre como ser.

Quién iba a decir que en la iglesia hoy iban a caber tantos tan diferentes, imposible en ningún otro.

Este es el tiempo para desaparecer, entrar en letargo, precintar el espacio sensorial para reactivarlo al tercer día, morir para reaccionar, aplastar las trabas para sembrar delicadas plantas con vistas en agosto, mirar para atrás y evaporarse para incendiarse nuevamente, de otra manera…

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La zafiedad del carnaval y su gracia

Los desparramados blocos de carnaval nada tienen que ver con los intempestivos de antes que se generaban de la nada y recuperaban a los habitantes de los barrios ofreciendo espectáculo y hasta un cierto buen gusto en su pura zafiedad, recuerdo la parejita de viejitos que debían besarse en público a modo de peaje y la calle coreaba el famoso que se besen, que se besen, año tras año, hasta que un día el viejito se murió y eso se acabó, como se acabó la inclusión y llegaron los patrocinios y el negocio expulsó a la espontaneidad y la zafiedad perdió su gracia en forma de basura y pis, y los comercios tuvieron que sellar sus ventanas y puertas, levantar muros de madera en los angostos corredores de acceso para evitar riesgos y los habitantes de los barrios ya no se besaron más, sino que empezaron a desear que la lluvia se los llevara a todos y so se acabara cuanto antes mejor.

 

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Las Muertes de Género y su encuadre

Solo expongo los crudos datos ofrecidos por el Anuário Brasileiro de Segurança Pública – 2017.

En 2016 murieron asesinadas 61.619 personas.

56429 hombres

4657 mujeres

533 feminicidios (permítanme cualificar este dato, por el estado actual de las cosas)

Reducir o acaparar la agenda sociológica de la violencia a un fenómeno de género es un acto irrespetuoso por desatento o quizá, desgraciadamente, interesado, por lo discrepante.

Brasil continuará extirpándose ante cualquier situación de estrés.

 

 

 

 

 

 

porespanaaqui

Bolsonaro, la puñalada y la dolencia de la democracia brasileña

La puñalada a Bolsonaro no supone una metáfora a la democracia, pues esta viene enferma desde que su desprestigio haya alcanzado ya niveles vergonzosos en Brasilia.

Cualquier ciudadano habría podido hacerlo con indeterminado candidato de diverso espectro político, por lo bajo, aquellos de signo contrario, no mostrarían su disgusto, aquí mora una terrible dolencia, enfadosa, es el estado de cosas actual.

Existe un agravante que explica la disposición brasileña a manipular al electorado obligándole a votar, si se supone un derecho resulta difícil entender cuál es su naturaleza al conminarle al voto, implica discursos más populistas porque la mayoría de la población lo exige, además Brasil arrastra una infraestructura ostensiblemente precaria y endémica, peligrosamente inestable porque alcanza el rango de estado de cosas admitidas, Brasil convive con su pena y la legitima, solo hay que ver la inauguración de las Olimpiadas con su loa a la favela.

El carácter patrimonialista del político brasileño exigiendo el himno nacional en los partidos de fútbol para llegar al pueblo lanzando un mensaje de patriotismo setentañero e inane y la extensa burocracia con el designio de manejar a la misma población, muestran un país que busca la imagen más que las soluciones concretas, envolviendo en estética los problemas, un entrabe  imposible de resolver si políticos y ciudadanos no deciden finalmente elaborar una estrategia para antes de todo quedarse desnudos uno enfrente del otro reconociendo la mentira que penetra el país, las apariencias, desconfianza e inanismo, una patria grande en himnos pero en la que nadie confía en el prójimo, una carrera hacia la apariencia con el correlato del esperpento, un chiste, como diría De Gaulle.

 

 

porSegundo Villanueva

Mayo del 68, la mujer y su madre

Dos cosas de Mitterrand a Daniel Cohn-Bendit en mayo del 68.  Lo llamó vabagundo y le acusó de cargarse la familia.

Hasta mediados del XX, cuando no había privacidad y los padres e hijos se apelotonaban en un solo cuarto para comer, hablar, dormir, higienizarse y reproducirse, la mujer gestionaba los espacios, la educación de la prole y la capacidad de generar riqueza de su marido.

No podía ser elegida para cargos públicos, pero su aval era imprescindible para que se tornase candidato.  Un mal marido, un descarte.  Uno de los motivos principales de divorcio en la Francia de la época, mayoritariamente suscitado por las mujeres, además del alcoholismo y la violencia era la incapacidad del hombre en generar recursos.

Su vida, postergado ante las inclemencias del trabajo, vivir como ímpetu de supervivencia, qué difícil, transcurría a través de un infierno físico y moral.  La mujer, en su inevitable posición lo recepcionaba al final del día, antes, ordenaba la cría, gestionaba los recursos, delimitaba los espacios, sin noticias de su compañero en el ámbito privado.

Las personas se casaban las menos por conveniencia, las más por necesidad, en el 68 vino el amor, al principio camuflado por los cuerpos y la libertad suscitada por el hartazgo de la conveniencia y la necesidad, subsistió el cuerpo, a veces el amor, menos la conveniencia, poca la necesidad, de cualquier manera, los diáfanos papeles del hombre y la mujer se proscribieron, Mitterrand, socialista, lo anticipaba con una clarividencia anómala, sabía que lo que estaba entrando en crisis era la familia porque se le estaba empezando a caer su gran pilar que no era otro que el de la madre.

Felices, madres, gracísimas.

 

 

 

porSegundo Villanueva

El machismo y la cárcel

No creo en el machismo como una perversión histórica y mundial contra la mujer.  Las confabulaciones duran un tiempo, pertenecen a los hombres políticos, no al género humano, algunos años, las cosas cambian después.

De hecho, en qué consiste el machismo.

Por una mala definición de machismo, generalizada y básica, hoy no se puede mirar, no se pueden hacer películas, tampoco cortejar, ni escribir poemas, ni discutir, hoy uno corre el riesgo de condenarse, es necesario tener cuidado.

Por una enfermedad de la definición, la sociedad, o una parte que grita, me hace sentir culpable y yo tengo la seguridad de que no están en lo cierto.

Cuando alguien me hace sentir culpable, lo odio, es una reacción instintiva contra la cárcel.

Proliferan caras agrias, de mal con la vida, ciertamente violentas.  Nunca vi tanta intolerancia en las redes sociales, qué difícil es hablar.

Todo es construcción social, el fútbol, la ropa, la comida, los roles, el lenguaje, la biblia, la distribución de la casa, la literatura infantil, dónde está el ingeniero supremo, no será el mundo hecho a sí mismo a lo largo del tiempo…

La dimensión del hombre.

Supongo que hace, 200, 300, 400, 2000 años las cosas eran como podían, hace tiempo que rehusé juzgar lo que no vivo.

No veo víctimas sistémicas, abomino de las victimistas, sean judíos, negros, inmigrantes, blancos en negro, bolivianos, busquemos los desvalidos, los oprimidos, las víctimas verdaderas, veamos la casuística del desorden, pongamos concierto.

No acusemos.

¿Es la hora de que el hombre se rebele, estuvo alguna vez en contra de la mujer, en qué fecha la condenó, quién está por detrás de todo esto, dónde se fabrican estas ideas asustadoras?