Semáforos
Martes. Cuatro menos cuarto de la tarde.
Verde para mí, rojo para la marabunta de camiones. Empiezo a cruzar la Avenida Bandeirantes. De un coche negro, diría que es un Fiat Uno, salen dos hombres. Cada uno lleva un revólver en la mano. No tengo ni idea de qué calibre, porque estudié periodismo y no balística. Las armas, eso sí, son negras mate.
Me llevo un susto monumental. “Caralho. Fudeu!!!”. Me sale de dentro del alma, en portugués normativo y sin acento alguno de gringo. Es la señal de alarma para la chica de enfrente, hasta entonces más interesada en la riqueza de su vida interior que en lo que ocurría en ese paraje gris donde reina el monóxido de carbono. Reacciona rápido y empieza a correr como una posesa. Es la misma chica que minutos antes aguantó estoicamente el piropo de un viejo verde desdentado que iba en una camioneta.
Los dos tipos abordan a dos motociclistas. Les obligan a dejar las motos en el asfalto y a poner las manos encima del casco. Yo no corro, ando deprisa. El gusanillo del morbo que llevo dentro me impide dejar de mirar la escena. Me llama la atención cómo cogen la pistola. Uno lo hace con el puño girado, como en las películas. No sé si por estética o porque tiene alguna utilidad desconocida, al menos para mí. No me acuerdo ni de sus caras, porque las armas ejercen un gran magnetismo.
El semáforo se pone verde. Uno de los tipos sigue apuntando a los motociclistas. El otro, revólver en mano, manda a los automóviles que sigan, como si fuera un guardia urbano. Como no tengo vocación de corresponsal de guerra, doblo la esquina y sigo mi trayecto, como si nada hubiese ocurrido.
Miércoles. Dos y media de la tarde.
Me dispongo a cruzar la Avenida Faria Lima, prácticamente con el cruce con Rebouças. De la nada, salen cuatro chicos vestidos de futbolistas. Botas amarillas chillonas, como el balón que llevan. Las medias, los calzones y las camisetas son azules. Dos agarran una pancarta. Es un anuncio de una operadora de televisión por cable. Los otros dos hacen malabarismos pasándose el balón. Me río. Una responsable de marketing, o alguien de una agencia de publicidad fotografía la performance.
Esto es Sao Paulo. Esto es Brasil. Un país en que pistolas y pelotas cohabitan en la cotidianidad de los semáforos durante las tardes calurosas de este otoño austral.
Joaquim Piera / España aquí – Escola de espanhol em São Paulo – Curso de espanhol: “El Fútbol Español: Ayer, Hoy y Mañana”. Tel. (11) 3083.3334. info@espanaaqui.com.br

Comment from Segundo
Time 06/05/2010 at 06:03
Joaquim, interesante. Podríamos decir, uniendo los dos sucesos, que Brasil, ES UN PAÍS DE “PELOTAS”. Saludos.