Nunca más otro Dunga, por favor
Se acabó el experimento de Dunga. Su ideario ha sido dañino y perjudicial para el fútbol brasileño. Es prácticamente un sacrilegio coger la selección brasileña, y los valores de fútbol ofensivo y plástico a los que siempre ha ido asociados, y reducirlo todo al resultadismo.
Asociar fútbol bonito a derrota, como ocurrió en España 82, y fútbol eficiente a victoria, como en EEUU 94, es un axioma perverso y falso. Quién esté al frente de la ‘Seleção’ tiene una doble obligación implícita: ganar dando espectáculo. Por eso, se trata de Brasil y no de ninguna otra selección.
Es imperdonable que Brasil renuncie voluntariamente al talento, para crear un equipo de monaguillos obedientes, pero de calidad futbolística dudosa. Al seleccionador brasileño se le exige que sepa domesticar el ego de sus estrellas y no que renuncie a casi todas ellas, porque considera que rompen la unidad del grupo. Según el ideario de Dunga, Romario nunca hubiera ido al Mundial de 94 o Ronaldo al de 2002. Como seleccionador, ha demostrado que es incapaz de lidiar con las estrellas. Repudiarlas no era la solución porque el equipo es quien ha salido perjudicado. A la hora de la verdad, ha faltado liderazgo.
Su coherencia ha derivado en inflexibilidad, cabezonería e intransigencia. Le faltó humildad y juego de cintura para reconocer que se equivocaba. Jugadores como Felipe Melo – mejor ni comentar su pisotón –, Kleberson, Julio Baptista, Gilberto, Josué, Gilberto Silva o el portero Doni nunca podrían ir a un Mundial.
Todo el mundo sabía que Kaká venía de una temporada nefasta en el Real Madrid, por culpa de una pubalgia que parece crónica. Dunga hizo oídos sordos. No buscó un sustituto a la altura y así le fue a Brasil.
El principal culpable de lo ocurrido es la CBF. Dunga, y su secuaz Jorginho, vinieron para recuperar el orgullo de la ‘Seleção’, que la propia Confederação había ayudado a destruir en 2006. Colocaron a un sargento de hierro para imponer orden en la casa. Y lo consiguió, pero deportivamente era una aberración. No sirve la excusa que se ganó la Copa América, porque Brasil daba pena jugando.
Lo mejor de Dunga es haber terminado con el caos que tradicionalmente reinaba en los hoteles de concentración, con representantes de jugadores, patrocinadores, periodistas (principalmente de la Rede Globo) y prostitutas andando como Pedro por su casa. Blindar la selección durante el Mundial y apartarla de la afición y de la prensa es positivo. Dunga tiene razón cuando dijo que lo principal son los intereses de la propia ‘Seleçao’ y todo su entorno tiene que adaptarse a ellos, y no al contrario.
El problema llegó cuando trasladó su disciplina organizacional al terreno de juego. Brasil no puede jugar nunca como un equipo cuadriculado y previsible. Dunga se ha ido a casa, pero Ricardo Teixeira, presidente de la CBF, seguirá hasta el 2014. Quien se equivocó en 2006 y en 2010 ahora volverá a tener en sus manos los destinos de la ‘Seleção’ para 2014, cuando, jugando en casa, no habrá margen para el error.
Joaquim Piera / España aquí – Escola de espanhol em São Paulo – Curso de espanhol: “El Fútbol Español: Ayer, Hoy y Mañana”. Tel. (11) 3083.3334. info@espanaaqui.com.br

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