La lógica arbitral
Desisto. Arrojo la toalla. No los entiendo, ni quiero entenderlos. A estas alturas, no voy a perder ni una caloría, ni un miligramo de masa gris para comprenderlos y pasarles la mano paternalmente por la cabeza. Podemos profesionalizarlos, darles el sueldo de Tiger Woods y algunas de sus amantes ninfómanas, ponerles todas las cámaras del mundo, ojos mágicos, repeticiones en pantallas gigantes, 563 ayudantes, auriculares, guardaespaldas, trajes térmicos, la navaja de MacGyver y todos los artilugios de las fuerzas especiales… Van a continuar fallando.
El debate no es sobre qué medios tienen, sino cómo interpretan el juego, cuál es su lógica, cómo piensan. El árbitro es un cuerpo extraño, que no se mueve por los mismos impulsos y códigos del resto de los agentes que actúan en un partido: jugadores, técnicos, aficionados, directivos, patrocinadores, periodistas…
Este es el motivo de sus errores en cadena, y no me refiero sólo a los de apreciación, que pueden estar justificados por una mala colocación, o, porque simplemente no vieron el lance. Hacen y deshacen a su antojo, equivocándose y compensando errores sobre errores.
Mi indignación viene a raíz de los últimos arbitrajes sufridos por el Barcelona, en el clásico contra el Real Madrid, en el derby con el Espanyol, y en las semifinales ida de la Champions League, en campo del Inter de Milán. No es un desahogo de aficionado, sino de un futbolero.
Es lícito que un equipo apueste por la contundencia defensiva para intentar frenar al mejor juego ofensivo del mundo, pero es inadmisible que encuentra un aliado en el arbitraje. Con sus omisiones voluntarias, el colegiado se convierte en cómplice de la violencia.
¿Cuál es el motivo de ello? Sencillamente porque el de negro (que ahora se viste de amarillo) se da cuenta que si empieza a aplicar el reglamento a rajatabla el encuentro no va a finalizar porque va a tener que expulsar a 5 jugadores. Pues a mí, poco me importa. Que se acabe el partido. Podrá suceder una, o dos veces, pero, al final, el que da las patadas aprenderá la lección por el camino más doloroso.
Lo peor de esta situación, es que el colegiado no sólo se alía con los violentos sino que no pita lo que ve para no despertar las iras de los destructores, que juegan en casa. Es una vergüenza. Esto dinamitar el deporte desde dentro. Es una situación que ven decenas de millones de telespectadores en el mundo, menos uno (y los del banderín), el que lleva el pito, el que tiene la misión de impartir justicia. Vamos apañados.
Joaquim Piera / España aquí – Escola de espanhol em São Paulo – Curso de espanhol: “El Fútbol Español: Ayer, Hoy y Mañana”. Tel. (11) 3083.3334. info@espanaaqui.com.br
Comments
Comment from Joaquim Piera
Time 24/04/2010 at 00:31
Lo creo, Segundo. No ocurre siempre, pero sí de vez en cuando. Por ejemplo, al Atlético de Madrid lo masacraron el año pasado en la Champions League después de los problemas que hubo en Madrid con los ultras del Olympique de Marsella.
Estas situaciones son todavía más claras en deportes en que los árbitros son mucho más intervencionistas como es el caso del baloncesto o el balonmano.

Comment from Segundo
Time 23/04/2010 at 06:30
Joaquim, ¿crees que los árbitros favorecen deliberadamene a algunos equipos para que ganen o pierdan? Saludos.