• 11 30833334
  • info@espanaaqui.com.br

Arquivos por ano2019

El árbol y el hombre

Hablamos del entorno y de su sustentabilidad, cómo cambian las prioridades según los tiempos, los prejuicios encima de los que a priori no cumplen las estrictas normas verdes son prolijos, impactantes, crueles a veces.

La familia como una de las piedras angulares parece haber dejado su lugar a situaciones que antes no brillaban y hoy comportamientos naturales e incorporados se han roto, los jóvenes se han olvidado de escuchar, su voz es preponderante y quizá la sociedad funcione mejor, difícil averiguarlo.

La sensación de un mundo al revés donde las prioridades históricas no lo son más es evidente para los que estamos de salida de la generación que comanda el mundo actual.

Pero, qué ocurre con los denominados salientes, jamás se ha maltratado tanto al mayor, los años pesan pero son inocuos en el mundo profesional y también en los preclaros canales de convivencia que nuestros mayores nos enseñaron en el ámbito privado.

Por qué tanto al árbol y tan poco al hombre mayor.

Sam Edwards

Como en tiempos de Maricastaña

Hay cosas que van a peor, una es el pan de molde y otra la mermelada, cuanto más aire en el primero menos reconocible, además de los conservantes para evitar el moho, cómo es difícil tostar una rebanada, disminuida.

En relación a la mermelada existe un concepto polémico por el azúcar, sus orígenes son humildes y recupera frutas inviables de comercializar pero buenas, a través de la pectina y una proporción notable de azúcar se convertirían en auténticos manjares, pero no todo es fruta de mermelada.

El azúcar se ha convertido en la excusa de muchas, increíblemente se trata solo de pectina y frutas del bosque, pero hay una ruptura con el origen.

El hilo que une la crisis del pan y la mermelada no es otro que el azúcar, el principal conservante moderno, absolutamente embriagador, de manera clara para los más jóvenes pero para todos en general.

Todo esto nos obliga a recuperar a nuestras abuelas y el tiempo de Maricastaña, donde las necesidades alimenticias se recreaban en el ámbito familiar y las cosas salían ricas y saludables, hoy lo que hay es una copia mala de lo que hubo, la exageración en los procesos industriales y la importancia que recae en los embalajes y no en el producto invita a que en casa, las cosas vuelvan a ser como al principio.

La verdura y la hamburguesa, la pulsión y el futuro

Por qué la verdura no da felicidad pero sí tranquilidad de conciencia, cuál es el motivo por el  que la grasa acabe siempre por pervertirnos  con sus redes ideológicas vendiendo nuestra alma al diablo a sabiendas de incurrir repetidamente en el consabido y sempiterno error, por qué el hombre no consigue superar al estómago sobreponiendo sus conexiones neuronales, en principio encargadas de adoptar las decisiones, prevaleciendo el éxtasis a la beneficiencia, por qué nos gusta más una sudorosa hamburguesa a un cálido plato de alcachofas hervidas con un maternal sofrito?

Existen dos tipos de personas, los de aquí y los que aspiran a un mundo mejor, esto último no se adquiere en la patata frita, que da mucha felicidad al rato, y sí en la idea que sugiere un futuro, pero normalmente la inversión a plazo queda excluida cuando quien decide es la pulsión del hambre, hay una idea constructiva al pensar que cuando seamos mayores del todo nuestras tripas constarán con mayor empaque para afrontar los rigores del declive, pero, quién lo piensa hoy para tan largo, cómo desdoblar el tiempo rechazando hamburguesas con queso o humeantes picañas a la brasa?

El perverso gastronómico presume de meter muchos goles, sin lugar a futuros pero con un presente brillante embadurnado de alegría.

Hay quien dice que cuidar de los árboles no está mal pero que antes de nada el hombre debería cuidarse de sí mismo para hacerlo con los otros, poner un verde es clavar una pica en su propia sustentabilidad.

La némesis de los grandes chefs en la pizza de barrio paulistana…

Hace tiempo que la pizza de barrio paulistana se encuentra enferma.  Ingredientes de baja calidad retenidos en la deliciosa pero decadente calabresa, exceso de indigesto queso, masa húmeda y relativamente poco cocida, prevalencia en la premura de su entrega motorizada, vale más el contrarreloj que la sobremesa, la comida y su traición…

¿Cuál es la atracción de pedir una pizza a sabiendas degradada de todas sus características tradicionales?  ¿No vivimos en la era gourmet, no será que el excesivo culto al chefismo esté generando su némesis natural en el low-cost (no tan low) de la comida?

Pero lo más asombroso es que nos gusta a su pesar y parece que comer tragedia no está mal, quizá esté exagerando un poco pero algo ha banalizado nuestros gustos, el hartazgo de la marca o lo pesado de coger el coche, aparcar, y etc, o pagar tres veces menos por lo mismo en la trinchera de casa, a final de cuentas de lo que se trata es de preservar el estómago, la aldea social del restaurante ya no es más un dato monetizable para la mayoría.

Perdemos al otro y de la boca nos estamogamos, los gustos adolescentes prevalecen frente a los de los adultos y por su simpleza no admiten mucha discusión, vencen.

A pesar de todo ello echo de menos más cariño, deslegitimar al reloj y volver a la piedad de una pizza degustada, no deglutida.